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Gloria a Dios. Que el Señor les bendiga en esta noche. Gracias por venir para recibir palabras de Dios en nuestro primer servicio en español en la Iglesia BBC. Preguntas, preguntas y más preguntas. ¿De qué forma el hombre pecador puede estar a cuentas con Dios?
Es esto una pregunta que también Job se hizo en el capítulo 9, verso 2. ¿Cómo se justificará el hombre para con Dios? Ante un Dios justo, un Dios puro, un Dios santo. Si Dios es bueno, si Dios es justo, y es santo, y lo es.
A la luz de lo que dice Proverbio capítulo 17, verso 15. Dice, el que justifica al impío y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación al Señor. ¿Cómo puede Dios justificar a un pecador culpable?
¿De qué forma? Cuando la Biblia dice, en Romanos capítulo 4, que Dios justifica al impío. ¿Será que Dios pasa por alto la ofensa de pecadores culpables? ¿O será que Dios otorga una amnistía a culpables?
¿Qué es una amnistía? Amnistía. Una amnistía es la eliminación de la responsabilidad penal de un delito. En otras palabras, la amnistía es la decisión de un tribunal pasar por alto un mal proceder y no llevar el caso a la justicia.
Pero si Dios hace algo así, entonces, él estaría violando su propia ley. Pero la Biblia dice que Dios justifica al impío, al pecador culpable. ¿Y cómo lo hace? Esto es un tremendo dilema. ¿Cómo Dios, un Dios santo, justifica a un impío y aún mantiene intacta su bondad, intacta su justicia y su santidad?
¿Y tú? ¿Has sido justificado por Dios? Abramos nuestras Biblias en el libro de Romanos, capítulo 3. Romanos, capítulo 3, verso 21 en adelante. Romanos, capítulo 3, 21 al 26. Y dice la palabra de Dios.
Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y por los profetas. Es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen, porque no hay distinción, por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.
Siendo justificados gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús. Verso 25. A quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia o en su paciencia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo y el que justifica al que tiene fe en Jesús.
Oremos. Padre, te damos gracias, Señor, por este momento que Tú nos das ahora, para estar delante de Ti, Señor. Te damos gracias por el tiempo que vamos a estar leyendo Tu Palabra, escudriñando Tu Palabra.
Tu Palabra, Señor, tiene poder para transformar las vidas. Y yo te pido, Espíritu Santo, que en esta hora Tú uses Tu Palabra para traer vida a aquella persona que todavía no te ha conocido. Pero también Tu Palabra, Señor, tiene el poder para edificar a Tu iglesia.
Te pido, Señor Jesucristo, edificanos con Tu Palabra, con Tu Santo Evangelio, el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Ahora te pido en una forma especial, oh Dios, que Tú me asistas a través de Tu Espíritu para predicar Tu Palabra, mantenerme fiel y no desviarme a la izquierda o a la derecha.
En el nombre de Jesucristo te damos gloria y honra por todo lo que estás haciendo. Te damos gracias por los cánticos también. En el nombre de Jesús. Amén. Antes de explicar estos versos que acabamos de leer, quiero darle un pequeño trasfondo de la epístola hacia los romanos.
El autor de esta carta es el apóstol Pablo, la cual fue escrita y enviada a seguidores de Jesucristo que vivían allí en Roma, pero que aún ellos no habían recibido instrucciones apostólicas. El tema principal de la justicia es la justicia de Dios, la cual es revelada a través de la proclamación del glorioso Evangelio de Jesucristo, tal como vemos en los versos 15 al 17 del capítulo 1 de esta carta.
Y el apóstol escribe y dice, Así que, por mi parte, ansioso estoy de anunciar el Evangelio también a vosotros que vivís en Roma, porque no me avergüenzo del Evangelio porque es poder de Dios para salvación para todo aquel que cree, primeramente para el judío y también para el griego, porque en el Evangelio, en el Evangelio, la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito, mas el justo vivirá por la fe.
Aquí el apóstol Pablo comienza con una declaración de lo que son las buenas nuevas de salvación, las buenas nuevas que solamente son ofrecidas a través de Jesucristo y su Evangelio. Primeramente el apóstol dice que no se avergüenza del Evangelio, ¿por qué?
Porque es poder de Dios. Segundo, él dice que es para todo aquel que cree en Jesucristo, tal como lo declara en esta carta. Y por último, él dice en estos versículos que el Evangelio, que en el Evangelio, la justicia de Dios se revela por fe y para fe, porque el justo por su fe vivirá.
Esas son buenas noticias. Pero esas buenas noticias, hermanos y amigos, no tienen mucho sentido si no conocemos lo que son las malas noticias. Es como una moneda. Las monedas siempre tienen dos caras.
Por un lado tiene una información y cuando tú la miras, tiene otra. De la misma forma es el Evangelio. El Evangelio son las buenas noticias que Dios ha provisto a pecadores, pero esas buenas noticias nunca van a tener sentido si desconocemos las malas noticias.
Necesitamos conocer cuáles son esas malas noticias para poder apreciar el Evangelio, que son las buenas noticias que Dios ha provisto. Y es esto precisamente lo que el apóstol Pablo hace en esta carta.
Él comienza con el Evangelio en un anuncio y una declaración. A partir de los versos 18 del capítulo 1 hasta el capítulo 3, versos 20, el apóstol presenta aquí en estos versículos evidencias contundentes de la pecaminosidad del hombre y subraya tajantemente la urgente necesidad de la misericordia, bondad y perdón de Dios, lo cual sólo, sólo provee Dios por gracia a través de la fe de Jesucristo.
La palabra de Dios dice que todos, que todos nosotros somos pecadores y malos en comparación a nuestro Señor Jesucristo. La Biblia nos muestra claramente que todos nosotros, todos somos culpables y necesitamos estar a cuenta con Dios.
El apóstol Pablo cuando envía esta carta a los romanos, él quería asegurarse que ellos entendieran ese lado oscuro del Evangelio, ese lado oscuro, hostil del hombre contra Dios. Y también él quiere que tú lo conozcas, que tú necesitas conocer ese lado oscuro.
Somos pecadores, somos culpables. En Romanos capítulo 3, a partir del verso 9 hasta el 20, escucha, escucha lo que dice la palabra. Dice, ¿Entonces qué? ¿Somos nosotros mejores que ellos? De ninguna manera, porque ya hemos denunciado tantos judíos como griegos que están bajo pecado.
Como está escrito, no hay justo ni a un uno. No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se han desviado, a una se hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Versículo 13 dice, Sepulcro abierto es su garganta, engañan de continuo con su lengua.
Veneno de serpientes hay debajo de sus labios. Llena está su boca de maldición y amargura. Sus pies son veloces para derramar sangre. Destrucción y miseria hay en sus caminos. Y la senda de paz no han conocido.
No hay temor de Dios delante de sus ojos. Verso 19 dice, Ahora bien, sabemos que en cuanto dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se calle, toda boca se cierre, y todo el mundo sea hecho responsable ante Dios.
Porque por las obras de la ley, ningún ser humano será justificado delante de él. Para que toda boca se cierre, dice, nadie se va a justificar delante de él por sus propios méritos, porque por medio de esta ley es el conocimiento del pecado.
En estos versos de la Biblia queda demostrado ese lado oscuro de la humanidad entera que ha caído en pecado. Y sin duda alguna, todos nosotros somos culpables ante ese gran tribunal de Dios. Es evidente que el apóstol Pablo aquí está destruyendo y desarmando todo tipo de autodependencia y autojustificación ante Dios.
Por eso Dios mismo nos cierra la boca, para que no tengamos ningún tipo de argumento, porque siempre estamos dándose excusas. De esta manera quedamos desnudos e indefensos ante el tribunal de Dios y somos culpables.
¿Para qué? Para que corramos en arrepentimiento y clamando por misericordia. Querido amigo, ¿entiendes tú eso? ¿Entiendes tú eso? Que tú eres un pecador. Que tú eres culpable ante la presencia de Dios.
¿Comprendes que tú también eres culpable ante un Dios bueno, puro y santo? ¿Sabías que tú tampoco puedes hacer nada por ti mismo para alcanzar la gloria de Dios? ¿Entiendes eso? ¿Has sido tú justificado por Dios?
¿Has recibido el perdón y la salvación, la vida eterna de Cristo? ¿Cuál es tu estatus ante la presencia de Dios? ¿Tienes vida en Jesucristo? Yo creo que ya estamos listos para escuchar las buenas nuevas.
¿Qué te parece? A partir del verso 21, en el capítulo 3, que acabamos que leímos, encontraremos la respuesta de la humanidad que necesita para estar a cuentas con Dios. Y también veremos cómo Dios resuelve el dilema planteado desde el principio.
¿Se acuerdan? Dice, si somos pecadores culpables ante un Dios bueno, santo y justo, ¿cómo Dios justifica a pecadores culpables y aún mantiene intacta su integridad? ¿Cómo Él hace eso? En los versos 21 al 26, Dios abre las ventanas de los cielos y hace un despliegue de su gloria para salvar a pecadores como tú y yo.
Verso 21, dice, vayan conmigo al verso 21 y observen, dice, pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y por los profetas. Pero ahora. Esos son los maravillosos peros que habla la Biblia.
Lo cual nos indica un cambio. Es decir que es un contraste entre la depravación e incapacidad total del hombre para con Dios. Pero también podemos ver la provisión que Dios ha hecho para hacer un camino nuevo que nos conduce directamente a Él.
Aquí el apóstol Pablo empieza a abrir la ventana de la gracia y la esperanza, de la gloriosa luz del Evangelio que Dios ofrece por medio de la justicia a pecadores culpables. Primero que todo, Pablo dice que la justicia que Dios imparte a los creyentes es aparte de la ley.
Él dice que es aparte de la ley. ¿Está aquí sobocando el apóstol Pablo o rebajando las demandas de la ley? ¿Cuando él dice que la justicia de Dios se ha manifestado aparte de la ley? De ninguna manera.
Es todo lo contrario. El apóstol Pablo sostiene que las Escrituras, la ley, es buena, perfecta e inerrante. Entonces, ¿qué tenía en mente el apóstol Pablo cuando él dice esto? Que la justicia fue manifestada aparte de la ley.
¿Qué tenía en mente el apóstol? Cuando Pablo dice aparte de la ley, se refiere al legalismo, a la dependencia de las sobras, así como los fariseos que pensaban que con las sobras de la ley podían justificarse ellos mismos.
De la misma forma, hoy día mucha gente piensa que con sus propios esfuerzos y autosuficiencia moral, su religión, sus ritos, sus ceremonias, lo que sea, pueden comprar el favor de Dios. Mira el verso 20 como dice, Porque por las sobras de la ley, ningún ser humano será justificado delante de él.
En el Evangelio de Lucas tenemos un gran ejemplo acerca de este asunto. Cristo, hablando a los judíos, le dice esta parábola. Uno que le habla a los judíos esta parábola. Unos que confiaban en sí mismos como justos y despreciaban a los demás.
Él dice que dos hombres subieron al templo a orar. Uno de ellos era un fariseo y el otro era un publicano. El fariseo puesto en pie, y observa la actitud del fariseo, dice, El fariseo puesto en pie oraba para sí mismo de esta manera.
Él decía, Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Son estafadores, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano que está aquí. Yo ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano, más el publicano.
Escucha atentamente la actitud de este publicano. Pero el publicano de pie y en cierta distancia no quería ni tan siquiera alzar los ojos al cielo. Sino que se golpeaba en el pecho diciendo, Señor, Dios, ten misericordia de mí, que soy un vil pecador.
Dice el versículo 14 de Lucas 18, Jesucristo diciendo, Os digo que éste descendió a su casa justificado. Pero aquel, hablando del fariseo, dice que no. Y todo porque se ensalzaba y era humillado. Porque todo aquel que se ensalza será humillado, más el que se humilla será exaltado.
Notemos que el fariseo no fue justificado por causa de su orgullo. Eso fue lo que lo mató a él. Aquel fariseo tenía orgullo porque dependía de su propia prudencia. Aquel fariseo no pudo ser justificado porque el orgullo estaba controlando su vida.
Y la dependencia de sí mismo de tratar de agradar a Dios con sus buenas obras. Si es que se pueden decir buenas. Sin embargo, aquel publicano, con la actitud que tenía, primeramente él dice, reconoce su pecado e impotencia ante Dios.
Eso es lo que reconocemos en la vida de este hombre. Él reconoce su pecado y reconoce que él es impotente para poder alcanzar a Dios. Lo segundo que vemos es que él procede a un arrepentimiento y clama a Dios por misericordia.
Dice la Biblia que él fue justificado. Su justificación fue hecha por Dios a su favor. Y esa justificación fue real. Y también fue instantánea. Escucha lo que dice el apóstol Pablo en el versículo 27 de este capítulo que estamos estudiando.
¿Dónde está pues la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No. Sino por la ley de la fe. Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley.
En Gálatas capítulo 2, el apóstol Pablo dice algo muy similar. Y dice, capítulo 2 verso 16, dice, Sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús para que seamos justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la ley, puesto que por las obras de la ley nadie será justificado.
¿Te das cuenta? Nadie podrá ser justificado por sus propios méritos. Nosotros no podemos producir buenas obras en sí mismos porque somos, por naturaleza, pecadores. Y por causa de que somos pecadores en naturaleza, no podemos obedecer la ley de Dios perfectamente.
Entonces yo pregunto, ¿de qué nos sirve la ley? Según el verso 20, por medio de la ley es el conocimiento del pecado. O sea, la misma ley, la ley misma nos muestra nuestra incapacidad de cumplirla perfectamente.
La ley también nos muestra la realidad de nuestra condición, una condición pecaminosa. En el verso 21 también nos dice que la justicia de Dios es atestiguada por la ley y por los profetas. Es atestiguada por la ley y por los profetas.
¿Qué es atestiguar? Atestiguar es testificar. Es alegar. Es asegurar. Manifestar. Exponer. Certificar. También es afirmar. ¿Tú me estás diciendo a mí que alguien podía cumplir con las demandas de esta ley?
Sí. Había alguien que podía cumplir con esas demandas, y su nombre es Jesucristo. La ley y los profetas siempre apuntaron a Cristo, que es la justicia de Dios. Escucha lo que Cristo dijo a un grupo de judíos en el libro de Juan, capítulo 5, 39.
Dice, examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas, en la ley, tenéis vida eterna. Y ellas, hablando de la ley, dice, y ellas son las que dan testimonio de mí. Ahí te das cuenta que la ley atestiguaba a la justicia de Dios.
En otras palabras, la ley y los profetas tienen el propósito siempre de mostrar a Jesucristo, el Mesías venidero, el Salvador, el Hijo de Dios, quien es la provisión de justicia perfecta que Dios demanda a todos los hombres.
Dios demandaba perfección, y solamente Jesucristo cumplió con eso. En una ocasión, iban dos hombres de camino a Emmaús, después de la crucifixión y la resurrección de Cristo. Ellos iban hablando y discutiendo acerca de todas las cosas que habían acontecido en aquel tiempo.
Y de repente se les presenta Jesús y se acerca a ellos. Y ellos, los ojos de ellos estaban velados. Y Jesucristo les pregunta, ¿qué clase de pláticas son estas que ustedes tienen? Ellos se escandalizaron cuando Cristo hace la pregunta y les dice, ¿Acaso eres tú el único forastero que no conoce, que no sabe lo que está pasando?
A Jesucristo fue crucificado y luego fue sepultado, pero también hemos conocido a unas mujeres que dicen que Él ha resucitado. ¿Acaso eres tú el único que no lo sabe? Pero sus ojos estaban velados. Escucha lo que les dijo Cristo a estos dos hombres.
Lucas 24, 25 dice, Entonces Jesús les dijo, Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dicen los profetas, todo lo que los profetas han dicho, no era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en su gloria.
Verso 27, Cristo diciéndole a estos dos hombres, Comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras. Te das cuenta que la ley y los profetas apuntaban a este Mesías.
Te das cuenta querido amigo, querido hermano, que la justicia de Dios es atestiguada por la ley, por estos profetas, y que apuntaban a que si podía cumplir esta ley. Porque sus obras, sus obras eran perfectas.
Solo las obras de Jesucristo son aceptables ante el Padre. No las tuyas, no las mías. El versículo 22, en el verso 22 dice,. Es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen, porque no hay distinción.
Aquí tenemos otra faceta de un precioso diamante de la justicia de Dios. Dice el texto, la justicia de Dios por medio de la fe. Esto es muy parecido a lo que Pablo dijo al principio en la carta, en el versículo 17 del capítulo 1.
Él dijo, porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, mas el justo por su fe vivirá. Aquí él está citando al profeta Habacuc, capítulo 2, verso 4. Pero en el verso 22 nos da un detalle adicional.
En el verso 22 del capítulo 3 nos da un detalle adicional. Recordemos hermanos que Pablo aquí está desarrollando las buenas nuevas de salvación. Y él está haciendo un despliegue y una manifestación de la justicia de Dios.
El apóstol Pablo apunta y señala y subraya que esta fe es en la persona de Jesucristo. Esto es lo más importante de este versículo, del versículo 22, porque nosotros podemos tener toda la fe del mundo, pero fe en nuestro propio esfuerzo, una fe moral, una fe en la religión, si esa fe no es en Cristo, esa fe no nos va a servir para nada.
Para nada. Tenemos que esa fe tiene que ser depositada simplemente en Cristo Jesús. Fe solo en Jesús. Solamente en Jesús. Sola fide. La fe tiene que ser puesta en Cristo. Solo Cristo. ¿Por qué solo fe en Cristo?
¿Por qué? Porque Él es Dios. Juan capítulo 1, del verso 1 al 4, el apóstol Juan dice,. En el principio existía el verbo, y el verbo estaba con Dios, y el verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios, y todas las cosas fueron hechas por medio de Él.
Y Él, medio de Él, y sin Él, nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. ¿Por qué fe solo en Cristo? Porque Juan el Bautista testificó que Cristo solamente podía remover pecados permanentemente. En Juan capítulo 1, verso 29, dice,.
Y al siguiente día, hablando de Juan el Bautista,. Y al siguiente día, Juan lo vio. ¿Vio a quién? A Jesús. Y Él dice, Él testifica,. Venía hacia Él y dijo, He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
¿Por qué fe solo en Jesús? ¿Por qué? Porque Él es la ofrenda perfecta por el pecado. Hebreos capítulo 10, verso 9 al 14. El punto es el siguiente, y el punto aquí es bien demostrado. Una fe salvadora.
Una fe salvadora que descansa en la obra de Jesucristo solamente. Solamente en Él. Esta fe es confianza plena en Jesús. En Jesucristo y en la obra que Él hizo a favor nuestro, para nuestra redención. Sigamos leyendo en el verso 22.
Para que todos los que creen en Él, porque no hay distinción. Dice el apóstol. Al final de este verso se hace un hincapié muy marcado. Ese hincapié es la oferta de salvación por medio de la fe en Jesucristo.
Es ofrecida a todos. A todos nosotros, sin distinción. A todos los que creen en Jesús, sin importar si eres judío o si eres griego. Porque eso dice el texto. El texto dice que Dios no hace distinción de personas.
Dios nos pone en el mismo grupo a todos. Todos estamos en el mismo bucket. Ese es barril. Todos estamos ahí. Seamos blancos, negros, trigueños, feos, bonitos, moralistas, inmorales, religiosos, ateos, etc.
Todos estamos en el mismo nivel. Porque según el versículo 23, nos dice por cuanto todos, todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios. Todos estamos fuera del reino. Todos somos pecadores. Todos estamos en la misma necesidad.
Y Dios suple la solución para todos en Jesucristo. Y esas son las buenas nuevas. Hay salvación y hay esperanza solamente en Jesucristo. Jesús mismo dijo, el que a mí viene, yo no le echo fuera. El que a mí viene, yo no le echo fuera.
Juan 6, versículo 37. Sigamos leyendo Romanos 3, 24. Dice, siendo justificados gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús. Siendo justificados. Este es el tema de la justificación.
¿Qué es la justificación? La justificación es cuando Dios legalmente declara al pecador culpable. Lo declara inocente. Perdonándole todos los delitos que están en contra de él. La justificación es el pronunciamiento legal de Dios sobre el pecador que se arrepiente.
Y su estatus cambia. Cambia de culpable a inocente. Y eso es lo que hace Dios. Declara al culpable inocente. En el caso de la justificación, no se trata de que el acusado sea inocente. No, no, no. No lo piense por un momento.
No se trata de que ese acusado sea inocente. Él es culpable. Sino que otro paga por completo su delito a su favor. Y ese otro es Jesucristo. Jesucristo es el que da el pago a favor nuestro. Cristo es nuestro substituto.
Esto se conoce como la doctrina de la imputación. Así es como se le conoce a esto, la doctrina de la imputación. Primeramente hablamos de la justificación, que es una declaración que hace Dios, una declaración legal a favor del creyente que se arrepiente, por supuesto, y lo hace inocente, lo declara inocente.
Pero ahora estamos hablando de la imputación. En la doctrina de la imputación, es decir, nuestros pecados fueron imputados a Cristo cuando Él estaba en aquella cruz. Y la otra parte de la imputación es que la justicia divina, la justicia de Cristo, esa justicia perfecta, nos es imputada a nosotros.
Es como la moneda otra vez. Esa moneda tiene dos caras. De la misma forma es la imputación. Nosotros le hemos imputado, o mejor dicho, Dios le ha imputado a Cristo en la cruz del Calvario nuestros pecados y castiga el pecado y Él nos imputa a nosotros la justicia perfecta de nuestro Señor Jesucristo.
Mira cómo se ve y los versículos que podemos leer acerca de este gran intercambio. La imputación de nuestros pecados a Cristo, en 2 Corintios 5 .21 dice, al que no conoció pecado, Él no conoció pecado, Cristo, le hizo pecado por nosotros.
¿Para qué? Para que fuésemos hechos justicia en Él. Justicia de Dios en Él. Primera de Pedro, capítulo 2, verso 24 dice, Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados.
Maravilloso. Un glorioso intercambio. Isaías 53 .4 y 5 dice, Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores, con todo nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido, mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades y el castigo de nuestra paz cayó sobre Él.
Y por sus llagas, dice la palabra, fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas y nos apartamos cada cual por su camino, pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros.
Ahí tú puedes ver cómo nuestros pecados fueron imputados en Cristo Jesús. Ahora la otra cara de la moneda, la imputación de la justicia de Cristo al creyente. Cristo lleva nuestras culpas y pecados para que los creyentes pudieran ser vestidos de su justicia y hechos justicia de Dios.
Maravilloso intercambio. Filipenses 3 .9 dice, Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe.
Primera de Corintios 30 dice, Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, por obra suya, la obra de Cristo, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios y justificación, santificación y redención, para que tal como está escrito, el que se glorie en el Señor.
Maravilloso intercambio. Tremendo. Recibimos la justicia de Dios por la obra perfecta de nuestro Señor Jesucristo. En el verso 24 nos sigue diciendo, Que esta justificación es gratuitamente por gracia.
Por pura gracia. Es decir, es el generoso y gran regalo de Dios por el puro afecto de su voluntad. La gracia es un favor inmerecido. Que glorioso regalo. Y continúa diciendo el verso 24, Mediante la redención que es en Cristo Jesús.
Aquí tenemos otra importante palabra. Redención. La redención tiene que ver con una idea de libertad. Mediante un pago a un esclavo. Tiene esa idea. Nos habla de un pago. Nos habla de un rescate. Un rescate del mercado de los esclavos.
La Biblia dice que los hombres sin Cristo son esclavos al pecado. Eso es lo que dice la palabra. Pero Cristo vino para libertarnos de la esclavitud. Y la palabra redención tiene ese significado, tiene esa connotación, tiene esa idea de hacer un pago, un precio para rescatarnos del mercado de esclavos.
La Biblia dice que los hombres sin Cristo son esclavos del pecado. Pero también dice la Biblia y enseña que Cristo nos compró a precio de sangre. A precio de sangre. Ahí hubo un pago. Y compró a los hombres en Cristo Jesús.
En primera de Timoteo. Nos dice. Primera de Timoteo capítulo dos cinco. Dice porque hay un solo mediador. Y también hay un solo Dios. Y un solo mediador entre Dios y los hombres. Cristo Jesús hombre. Quien dio su vida en rescate por todos.
Testimonio dado a su debido tiempo. Dice la palabra de Dios. Primera de Timoteo del dos. Capítulo dos del versículo cinco al seis. En Romano veinticinco seguimos leyendo. Y ya pronto vamos a terminar.
Dice quien Dios recibió públicamente como propiciación. Por su sangre a través de la fe. Como demostración de su justicia. Porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente.
La justicia fue pagada por un sacrificio expiatorio. Fue pagada por un sacrificio expiatorio. La palabra nos habla de que la vida de la carne está en la sangre. Y esta sangre era dada para hacer expiación sobre el altar.
Levítico diecisiete once. La Biblia también nos dice que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. Hebreos capítulo nueve veintidós. Debido a que el hombre no puede hacerse justo por sí mismo.
Dios en su justicia hizo provisión para su redención por medio del sacrificio de su propio hijo Jesucristo. El texto dice quien Dios lo puso como propiciación a vista de todo. Es decir lo exhibió públicamente como propiciación.
En otras palabras esto no fue un acto oculto. Como se hacía en el Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento el sumo sacerdote en el día de la expiación tenía que primero ofrecer sacrificios por él mismo para poder expiar sus pecados.
Y luego podía entrar al lugar santísimo y hacer expiación para el resto del pueblo. Y allí cuando hacía la expiación derramaba la sangre sobre el propiciatorio. El propiciatorio era la tapa donde habían los dos querubines.
Y cuando se hacía ese acto de propiciación entonces el pago era hecho. Era hecho y el pueblo recibía perdón de pecado. Pero este perdón de pecado era solamente temporal. Porque la sangre de los toros y machos cabrios no pueden quitar el pecado permanentemente.
Solamente la obra de Jesucristo quita el pecado permanentemente. El texto dice que lo puso a él como propiciación. Lo exhibió públicamente como propiciación. ¿Qué es propiciación? La propiciación tiene la idea de apaciguar.
Es aplacar, satisfacer la ira de Dios. El pecado y el pecador merece castigo. La ira de Dios debe ser satisfecha por la ofensa que se ha cometido contra Dios. ¿Entiendes tú eso? Dios nunca va a pasar por alto tu pecado.
El pecado necesita ser castigado. Necesita ser castigado porque la justicia de Dios lo demanda. Demanda castigo, justicia de Dios. Dios no puede pasar por alto esa ofensa, el delito ni la transgresión.
Él tiene que castigar el pecado. En la cruz del Calvario, Cristo toma nuestro lugar para satisfacer la ira de Dios que tú y yo merecíamos. Y de esa forma Él ha sido propicio a nuestros, a nuestras almas.
Él es nuestra propiciación. En la cruz, Cristo entrega su cuerpo, su vida en sacrificio, tomando nuestros pecados. Y el castigo de Él fue sobre Él. El castigo de Dios fue sobre Él. La ira de Dios fue sobre Él.
Nosotros merecíamos ese castigo, pero Cristo, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, fue nuestro substituto. Y toda la ira fue sobre Él. Esa ira de Dios fue satisfecha porque un inocente, Cristo, pagó por nuestros pecados.
El profeta Isaías, 700 años antes de este suceso, profetizó y dijo, ¡Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores y experimentado en quebranto! Y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos.
Ciertamente, él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado. Herido de Dios y abatido, más él, fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Y el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus llagas fuimos nosotros curados.
¿Te das cuenta de la maravillosa obra que Dios ha hecho a favor del hombre? Y esto resuelve el asunto que habíamos dicho desde un principio. ¿Cómo Dios justifica al impío y mantiene intacta su integridad?
¿Cómo él lo hace? Castigando a otro, al justo por los injustos. Jesucristo tomó nuestro lugar y recibió la ira de Dios, y nosotros hemos recibido su justicia si crees en él. ¿Crees tú en Jesucristo? ¿Le has conocido?
Hasta ahora, ¿qué hemos visto? La justicia de Dios se aparta del legalismo. Eso fue lo primero que hemos visto. Esa justicia se aparta del legalismo. Es una obra completa por Dios y no por nuestras obras.
Número dos, hemos visto que la justicia está fundamentada en la revelación de Dios. La ley y los profetas atestiguan de esa justicia. Número tres, esta justicia es por fe. Es por fe. Y esa fe descansa solamente en la obra de Cristo.
Número cuatro, esta justicia fue provista para todos, gratuitamente, por gracia. Y número cinco, esta justicia fue pagada por el sacrificio perfecto que Dios hizo en la cruz del Calvario para redimir a un pueblo y hacerlo suyo.
Y leemos el último versículo y terminamos aquí. Dice en el versículo veintiséis, dice, para demostrar en este tiempo su justicia a fin de que él sea el justo y el que justifica al que tiene fe en Cristo.
Dios te bendiga hermanos. Pero que esta palabra haya entrado y penetrado a tu espíritu, a tu alma, a tu mente y que tú puedas ser edificado a través de ella. Pero si tú no has recibido a Jesucristo, yo te exhorto a que consideres a Jesucristo.
Dios demanda, en el libro de Hechos dice que Dios demanda que todo hombre se arrepienta. Eso es lo que dice la palabra de Dios. Arrepiéntete de tus pecados y ven al Salvador, el único que puede salvar tu vida.
Si tú te arrepientes y le recibes como Señor y Salvador, Él no te va a echar fuera. Dios te bendiga.