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Adorar y glorificar el nombre de nuestro señor Jesucristo. Les doy gracias a todos por haber venido y les doy la bienvenida. Abran sus Biblias en el libro de Filemón. La carta de Filemón está en el Nuevo Testamento y es una carta muy pequeña.
Tal vez solo es una página. Se encuentra después de Tito y antes del libro de Hebreos. Si usted abre la Biblia y está en Hebreos, sabe que se pasó de hacia atrás. Y ahí encuentra la carta de Filemón. Gloria al Señor.
La carta a Filemón. Hoy vamos a estudiar la carta de Filemón. Esta maravillosa carta que fue escrita por el apóstol Pablo. Y que solamente contiene 25 versículos. Básicamente esta epístola es el llamado que el apóstol Pablo le hace a Filemón para que perdone y reciba a Onésimo.
Filemón se había convertido en la gran ciudad de Roma cuando escuchó el mensaje de salvación de Jesucristo por el apóstol Pablo y allí le entregó su vida. La palabra de Dios nos enseña que Filemón se había convertido de todo corazón y él vivió en colosas.
Filemón también fue un hombre muy riquísimo con muchos recursos. También Filemón dice en la carta que tenía esclavos y uno de sus esclavos era Onésimo. Onésimo era uno de los esclavos que él tenía y la Biblia dice que Onésimo se escapó.
Se escapó de su amo que era Filemón. Y en su fuga posiblemente le robó ropa, se robó dinero para perderse dentro de la multitud. Porque sabemos que los esclavos, ellos se vestían muy distinto que la gente civil, la gente libre.
Por eso creemos que él robó dinero y también robó ropa. Cuando él se escapa, la meta de él era llegar a la gran ciudad de Roma y allí perderse dentro de la multitud. Pero resulta que cuando llega a Roma, escucha el mensaje de salvación de Jesucristo y allí entrega su vida.
Más adelante el apóstol Pablo sabe que, se entera de que este Onésimo se había escapado de su amo Filemón y Filemón era su gran amigo. Filemón era amigo y hermano del apóstol Pablo. De manera que él le insta a Onésimo para que regrese a su amo.
De allí es que nace esta carta. El apóstol Pablo le escribe a Filemón para que reciba a Onésimo de regreso y para que le perdone. La Biblia enseña con claridad la maravillosa verdad de que Dios es un Dios perdonador.
Tenemos ejemplos de esto, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. En Éxodos capítulo 34 dice la palabra, Entonces pasó el Señor, esto es Dios, hablándole a Moisés en la cumbre del monte de Sinaí.
Y le dice, Entonces pasó el Señor por delante de él y proclamó el Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad, el que guarda la misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, el que no tendrá por inocente al culpable, el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación.
El tema del perdón de Dios es el tema principal de la Carta de Filemón. El tema del perdón de Dios y su carácter perdonador está presente a lo largo del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. También vemos ejemplos de esto en el Salmo 32 .1.
El salmista dice, Cuán aventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, escucha bien, mira lo que dice, cuyo pecado es cubierto. El salmista más adelante en el Salmo 85 dice, Perdonaste la iniquidad de tu pueblo, cubriste tú todos sus pecados.
También Dios le revela al profeta Isaías, Yo, yo soy el Señor que borro todas tus transgresiones por amor a mí mismo y no recordaré tus pecados. Más adelante, el profeta Isaías le sorta al pueblo de Israel y le dice, Abandona y limpio su camino, y el hombre inico sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá de él compasión, y el Dios nuestro será amplio en perdonar.
Ahí nos damos cuenta del amor de Dios, que Dios es un Dios perdonador. El apóstol Pablo, escribiendo de Jesucristo, le dice a la iglesia de Éfeso, En él, en Cristo, tenemos redención mediante su sangre.
El perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia. A los colosenses también le dice, Porque por él nos libró del dominio de la potestad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados.
De manera que queda claramente evidente que Dios se interesa en perdonar nuestros pecados. Abramos nuestras Biblias en Filemón y leamos los 25 versículos que tenemos delante. Vamos a leer hasta el 21.
Dice la palabra del Señor, Pablo, prisionero de Jesucristo y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro, y a la amada hermana Apia y Arquipo, nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en su casa.
Gracia y paz a vosotros de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Verso 4 dice, Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesucristo y para con todos los santos.
Para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús. Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.
Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego por amor, siendo como soy Pablo ya anciano y ahora además prisionero de Jesucristo. Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, el cual vuelvo a enviarte, tú pues recibele como a mí mismo.
Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el Evangelio, pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese de necesidad, sino voluntario.
Verso 15. Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre, ya no como esclavo, sino más que esclavo, como hermano amado mayormente para mí, cuanto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.
Así que, si me tienes por compañero, recibele como a mí mismo. Verso 18. Y si en algo te dañó o te debe, ponlo a mi cuenta. Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré, por no decirte que aún tú mismo te me debes también.
Si, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor, conforta mi corazón en el Señor. Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aún más de lo que te pido. Vamos a orar. Padre, te damos gracias en este momento que tú nos das, de venir delante de tu presencia, Señor.
Te damos gracias por la obra de redención que tú hiciste en la cruz. Te damos gracias, Padre Santo, por el amor incondicional que tú tienes con tus criaturas. Te damos gracias, Señor Jesucristo, por la palabra que hemos leído.
Y ahora te pido, Señor Jesús, que tú me ayudes a predicar tu palabra, a mantenerme fiel en ella, y que pueda exponerla y articular tu palabra con precisión. Te pido, Señor Jesucristo, que mientras tu palabra es predicada, que tú, Señor, operes en los corazones para que tú provoques vida, vida eterna en aquellos que aún no te conocen.
También te pido, Señor Jesús, que a través de tu palabra tú edifiques a tu iglesia, al que ya ha puesto su confianza en ti. Edifica tu iglesia y ayúdanos, Señor, con entendimiento a entender tu palabra.
En el nombre de Jesús te lo pedimos. Amén. En esta noche yo quiero mostrarles a ustedes cuatro, cuatro marcas acerca de una persona que ha sido perdonada por Dios. La primera marca que les quiero mostrar a través de la Carta de Onésimo es la marca del arrepentimiento.
La marca del arrepentimiento es muy visible en la persona que ha recibido a Jesucristo como Señor y Salvador. Aquel que ha recibido el perdón de Dios tiene que mostrar como una marca el arrepentimiento.
Onésimo en su fuga, por pura gracia y misericordia de Dios, fue guiado soberanamente por Dios hacia el apóstol Pablo, donde allí escuchó el glorioso mensaje del Evangelio. Allí el Espíritu Santo trajo convicción de pecados a la vida de Onésimo, y allí Onésimo se entregó completamente a los pies de Jesucristo.
Allí Onésimo entendió su necesidad de la salvación, la necesidad que él tenía de un Salvador. Se dio cuenta que su vida estaba ofendiendo a Cristo, al Dios Santo de las Escrituras. Y necesitaba arreglar cuentas con su Dios.
Dios abrió el corazón de aquel hombre, tal como lo hizo con Lidia en el Libro de los Hechos. Y allí él se arrepintió de sus pecados y de todo su mal proceder. ¿Pero cómo tú y yo podemos saber que este hombre realmente tuvo un arrepentimiento?
A través de la Carta de Filemón. En la Carta de Filemón no vemos la palabra arrepentimiento, pero sí podemos saber que este hombre tuvo un encuentro con Jesucristo y que hubo un arrepentimiento en su vida.
Creo que lo podemos ver claramente en el verso número 10. Miremos el verso número 10. Dice la palabra, Te ruego por mi hijo Onésimo, este es el apóstol Pablo, escribiendo la Filemón, y está testificando a Filemón.
Y le dice, Te ruego por mi hijo Onésimo, en quien he engendrado en mis prisiones. La versión nueva internacional dice, Te suplico por mi hijo Onésimo, quien llegó a ser hijo mío mientras yo estaba preso.
Mi hijo, al cual yo he engendrado. Esta frase, este tipo de lenguaje, que solamente lo puede decir el apóstol Pablo cuando él sabe muy bien que él estaba predicando el Evangelio y vio la conversión de este hombre, de Onésimo.
Onésimo se arrepintió de sus pecados. Podemos saber que en esta frase solamente se refiere a su conversión, se refiere a su rendición a Cristo, a un total arrepentimiento a los pies de Dios. Y sabemos que nadie, absolutamente nadie, puede venir en arrepentimiento ante Dios si Dios no se lo concede.
Porque es Dios el que produce esto en el hombre. El hombre por sí mismo jamás vendrá a Dios por su propio esfuerzo. Es imposible. Solo Dios es el que provoca este arrepentimiento en la vida de un pecador.
Tenemos testimonio en la palabra de Dios. En Hechos capítulo 11, verso 18, dice,. Y al oír esto, se calmaron, y glorificaron a Dios, diciendo,. Así que también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida.
Aquí vemos al apóstol Pedro dando un reporte a la iglesia de Jerusalén. Porque allí experimentó y dio testimonio de cómo los gentiles habían procedido a un arrepentimiento porque Dios mismo les dio eso para que pasaran de muerte a vida.
En segunda de Timoteo, el apóstol Pablo, pastoreando a su hijo Timoteo, le dice estas palabras, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad.
En segunda de Corintios, capítulo 7, dice, Dios mismo es el que produce tristeza en el corazón que nos conduce al arrepentimiento. Y dice aún más, y dice, y a la vida en Cristo, la tristeza según la voluntad de Dios.
Y esto solamente es producido cuando se escucha el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Cuando una persona comienza a escuchar el Evangelio, Dios produce en esa persona para que se arrepienta. La Biblia dice en Lucas 24, el Señor Jesucristo, dándole la encomienda de la gran comisión, la encomienda de predicar el Evangelio de Cristo, dice, y les dijo a sus discípulos, Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.
Este fue el mensaje que Onésimo escuchó por los labios del apóstol Pablo. El mensaje de arrepentimiento. Un mensaje saturado con el poder del Espíritu Santo que produce en la vida de la persona arrepentimiento para que proceda, para que sea de muerte a vida.
Pregunto, ¿y tú? ¿Eres un hijo de Dios como Onésimo? ¿Has procedido tú a un arrepentimiento? ¿Entiendes tú que tú eres un pecador en necesidad de salvación como Onésimo? ¿Te has arrepentido de tus pecados y has rendido totalmente tu vida al Señor?
La segunda marca que le quiero mostrar en esta noche es la marca de la transformación. Un corazón transformado, un corazón renovado, una vida totalmente renovada en el poder del Espíritu Santo. Onésimo fue transformado a un diferente hombre.
Onésimo tuvo un cambio en su vida. Allí nació de nuevo y fue transformado por el poder del Espíritu Santo. Vino a ser lo que llamamos en la palabra una nueva criatura. En 2 Corintios capítulo 5 verso 17 dice, De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es.
Las cosas viejas pasaron, y aquí son todas hechas nuevas. ¿Cómo sabemos que Onésimo fue transformado por el poder de Dios? Muy sencillo. Sus deseos cambiaron. Ahora él deseaba hacer lo correcto. Ahora su corazón se inclinaba a hacer la voluntad de Dios.
Como nueva criatura, una criatura transformada, ahora estaba dispuesto a someterse a la voluntad de Dios, y no solo a la voluntad de Dios, también a la autoridad del apóstol Pablo. Mira el versículo 12.
El versículo 12 es claramente, Y te lo vuelvo a enviar en persona. El apóstol Pablo le está escribiendo a Filimo, Mira aquí te envío a Onésimo en persona misma. Es decir, como si fuera mi propio corazón.
Como si fuese yo mismo. Onésimo, ya siendo una persona distinta, una persona transformada por el poder de Dios, ahora sí estaba dispuesto a enfrentar las consecuencias que tenía que enfrentar ante su amo Filimo.
Él estaba dispuesto a volver a su amo, aunque le costara la vida. Estaba listo para enfrentar las consecuencias del mal que le había causado a su amo Filimo. Estaba presto para arreglar cuentas con Filimo.
Muy dispuesto para hacer restitución y restauración a su amo, sin importar el costo. Este hombre era un hombre cambiado, totalmente transformado. Un hombre con la mente de Cristo. Esta es la vida de una persona totalmente restaurada por el poder de Dios.
Una vida totalmente perdonada por Dios mismo. ¿Dónde nosotros más podemos observar este cambio en la vida de Onésimo? Miremos en el verso 11. El verso 11 dice, El cual en otro tiempo, ¿te das cuenta? En otro tiempo te era inútil, pero ahora te es útil no solo a ti, sino a mí también.
La palabra clave aquí es otro tiempo. En otro tiempo, o sea, antes, anteriormente, una vez, en el pasado. Él antes era inútil, pero ahora era útil. El versículo 12 también nos dice nuevamente, Lo estoy enviando de regreso a ti, enviando mi propio corazón.
Este es el testimonio del apóstol Pablo. Testificando del cambio que había ocurrido en la vida de Onésimo. Es muy evidente la transformación de Onésimo. Es como que el apóstol Pablo estuviera escribiendo en letras mayúsculas, Recíbelo, como si me estuviera recibiendo a mí mismo.
Las marcas de uno que ha sido perdonado son una vida arrepentida y una transformación total. Tercera marca que le quiero mostrar a través de esta carta de Filemón. La tercera marca es una persona que es apta para el servicio.
Apta para el servicio. Un siervo o una sierva de Dios. Una persona capacitada. Una persona que se inclina hacia la obra de Dios. Y no solamente a la obra de Dios en la iglesia local, pero también a otras personas.
Es una vida totalmente devota al servicio a Dios. Onésimo, como resultado de su conversión, se apegó a la obra del reino de Dios. Su corazón se inclinó a servir a Cristo, a Pablo y a la iglesia que estaba en Roma.
Se convirtió en un ministro competente. Onésimo era una nueva criatura en Cristo. Y en agradecimiento a él, en agradecimiento a Jesucristo y al perdón de sus pecados, servía y hacía las buenas obras que Dios había producido en él.
Esto solamente es cierto para aquella persona que ha recibido el perdón incondicional de Dios. Solamente una persona que realmente ha nacido de nuevo puede caminar en novedad de vida. Puede obrar para la gloria de Dios.
En Efesios 2 .10 dice, Porque somos hechuras suyas, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales que Dios, no las que tú creaste, sino las que Dios creó para que nosotros anduviésemos en ellas.
Eso es lo que dice el texto. Dios crea las obras de antemano. Él las prepara para que tú y yo anduviésemos en ellas. Onésimo estaba caminando en las buenas obras que Dios había preparado para él. Miremos los versículos 13, 15 y 16.
A quien hubiera querido retener conmigo para que me sirviera en lugar tuyo en mis prisiones por el evangelio. Aquí podemos ver el apóstol Pablo testificándole a Filemón que él quería retenerle porque el hombre era útil.
Era útil. Versículo 15 dice, Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que lo volvieras a recibir para siempre, no ya como esclavo, sino más que esclavo, como un hermano amado, especialmente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.
Esta frase, en la carne como en el Señor, lo que se refiere es al trabajo secular en la carne. Onésimo estaba totalmente capacitado no solamente para trabajar en lo secular, pero trabajar en el ministerio de la iglesia.
Y el apóstol Pablo lo quería retener. Pero él sabía que tenía que devolver este esclavo a Filemón. Era lo correcto que tenía que hacer. De manera que la persona que ha recibido el perdón de Dios, la persona que realmente ha tenido un nuevo nacimiento, no solamente se arrepiente de sus pecados, no tan solamente su vida es transformada, pero también tiene un corazón inclinado al servicio para la obra de nuestro Señor.
¿Estás tú sirviendo de todo corazón en la vida, en la viña del Señor? ¿Estás tú trabajando por tu propia cuenta o estás trabajando para la gloria de Dios? La cuarta marca y la última que vamos a encontrar, bueno, que les puedo decir, la última marca es un testimonio confiable.
Un testimonio confiable. Veamos por un momento la vida de Filemón en esta carta. ¿Podemos ver un buen testimonio, un testimonio confiable en la vida de este hermano de Filemón? Absolutamente. Pablo alabó a Dios y dio gracias a Dios por la vida de Filemón.
Porque tenía razones muy específicas. Veamos los versículos 4 al 7. En los versículos 4 al 7 dice el apóstol, Doy gracias a mi Dios siempre, haciendo mención de ti en mis oraciones, porque oigo, mira como dice, oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesucristo y hacia todos los santos, y ruego en la comunión de tu fe, llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo bueno que hay en vosotros mediante Cristo, pues he llegado a tener mucho gozo y consuelo en tu amor, porque los corazones de los santos han sido confortados por ti, hermano.
Aquí podemos ver el hermano Pablo, el apóstol Pablo escribiéndole a Filemón y testificando del amor y de la fe que tenía este hombre para nuestro Señor Jesucristo. Un testimonio totalmente confiable. Y no solamente testificaba acerca de su amor y fe, sino que él, o Filemón, confortaba el corazón de los santos.
Aquí el apóstol se regocija, no solo porque conoce la integridad y la devoción de su amigo por Cristo, pero también porque estaba escuchándolo de otras personas. En estos versos Pablo resalta las virtudes de Filemón, como su amor, su fe, su compasión, su servicio.
Eso es un testimonio confiable. Eso es un testimonio confiable porque ha recibido el perdón de sus pecados. ¿Y tú? ¿Reflejas ese testimonio? Tu vida refleja este tipo de testimonio para la gloria de Dios.
A mí me encanta como el apóstol Pablo dice en el versículo 21, dice, te escribo confiando en tu obediencia, sabiendo que harás mucho más de lo que te pido. El apóstol Pablo conocía a Filemón y sabía que podía contar con él.
El apóstol Pablo tenía un alto concepto de Filemón porque sabía que era un hombre íntegro al Señor Jesucristo, que era un hombre que vivía en santidad, que era un hombre que amaba sobre todas las cosas a Jesucristo y servía en la obra y a los santos.
Y por causa de este testimonio, el apóstol Pablo le da gracias a Dios y testifica acerca del testimonio de este hombre. Cuando una persona recibe a Jesucristo, se arrepiente de sus pecados, recibe el amor de Dios como lo hizo Onésimo, como sucedió en la vida del apóstol Pablo, como sucedió en la vida de Filemón, no hay otro resultado.
Damos un buen testimonio ante la sociedad y damos testimonio ante la iglesia también. Filemón tenía un testimonio confiable. Y tú, tu vida refleja un testimonio que agrada a Dios. He aquí las cuatro marcas que le quería compartir en esta noche acerca del libro de Filemón.
Cuatro marcas que se reflejan completamente en una persona que realmente ha recibido ese perdón, que ha nacido de nuevo. En esta noche, tú también puedes recibir ese perdón, el perdón que solamente ofrece Dios a través de nuestro Señor Jesucristo.
Pero primeramente quiero dejarte saber que tus pecados pueden ser perdonados en este día. Tus pecados están disponibles, el perdón de Dios está disponible para ti, no importa cuál sea el pecado, cualquiera que sea.
En el Salmo 130 dice, Señor, si tú tuvieras en cuenta las iniquidades, ¿quién, oh Señor, podría permanecer? Pero en ti hay perdón para que seas temido. El profeta Jeremías cuando escribe la carta de lamentaciones dice, por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos porque nunca decayeron sus misericordias.
Nuevas son cada mañana, grande es tu fidelidad. El perdón de Dios está disponible para ti en esta noche. Pero también tienes que reconocer que eres un vil pecador. Tienes que reconocer que eres un vil pecador que has ofendido a Dios con tu estilo de vida independiente de él.
La Biblia dice que no hay justo ni tan siquiera uno, no hay ni uno justo. En el libro de Romanos 10 dice como está escrito, no hay uno justo ni aun uno. No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.
Todos se desviaron a una, se hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Verso 23 dice, todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Somos pecadores, hermano. Necesitamos el perdón de Dios.
Y yo quiero que tú entiendas eso. Que no importa cual sea el pecado que tú hayas cometido, hay perdón para ti. Hay perdón para ti en esta noche. Reconoce que tú necesitas el perdón de Dios, que necesitas un salvador.
Reconoce que eres un pecador en necesidad de la gracia de Dios. También debes de reconocer que tú no puedes venir a la salvación por tus propios esfuerzos. Es imposible que tú puedas llegar a la salvación por tus propias obras.
En Romanos 3 .19 dice, porque sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. Ya que por las obras de la ley, ningún ser humano será justificado delante de él.
¿Se da cuenta? Nadie puede ser justificado delante de él por sus propios méritos. Y sigue diciendo el verso, porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Pero la gracia de Dios, la bendita gracia de Dios es la que nos cubre.
Efesios capítulo 2 dice, porque por gracia soy salvos por medio de la fe y esto no es de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se glorie. De manera que tus esfuerzos, tus obras, no vas a poder llegar a la gloria de Dios.
Necesitas las obras de otro, las obras de un hombre perfecto, Jesucristo. Dios salva y justifica al pecador gratuitamente. Gratuitamente por medio de la fe en Cristo. Por medio de la fe en Cristo, por medio de la fe de su obra que él hizo en la cruz del Calvario.
La palabra de Dios dice que él fue a la cruz del Calvario, murió, pero al tercer día resucitó. Resucitó para darte vida y vida en abundancia. De manera que esta noche hermanos, yo quiero que tu reflexiones en estos cuatro puntos.
¿Te has arrepentido de tus pecados? ¿Has recibido el perdón de Dios? ¿Has procedido a ese arrepentimiento? ¿Crees en el Señor Jesucristo? ¿Es tu vida transformada por el poder de Dios? ¿Estás dando un buen testimonio?
¿Sirves a Dios dándole gloria a él? En esta noche tú puedes nacer de nuevo si te arrepientes y vienes a Jesucristo. Tú puedes recibir el perdón de Dios como lo recibió Onésimo en esta noche también. Arrepiéntete, cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.
Dios los bendiga.